Microdosis: Evidencia vs Experiencia

por | Ago 19, 2022

Las investigaciones muestran que no existe evidencia sobre un aumento de bienestar ni de mejora cognitiva al tomar microdosis de psilocibina. En paralelo la llamada “ciencia ciudadana” asegura que aumenta la concentración, la creatividad y que ayuda a conectar con uno mismo.

El paper más reciente se publicó en agosto en Nature y hace una declaración coherente con anteriores trabajos sobre microdosis de psilocibina, el compuesto activo y psicodélico presente en más de 200 especies de hongos: “Según nuestros resultados, 0,5 g de material de hongos secos no presentó un impacto significativamente positivo en la creatividad (pensamiento divergente y convergente), la cognición, los niveles de actividad física y las medidas autoinformadas de salud mental y bienestar”. 

Se trata de un estudio doble ciego con grupo placebo y grupo control donde participaron 34 personas. Es decir, un estudio donde un grupo recibe una pastilla vacía (placebo) y otro una pastilla con el compuesto activo, y ni los participantes ni los investigadores saben quién recibió qué. Esto, para disminuir los sesgos y resultados motivados por la expectativa de la persona. 

Así, desde la ciencia “dura”, la ingesta de microdosis no tiene beneficios y tampoco existe seguridad en que no tenga efectos negativos a largo plazo pues no existen estudios sobre eso. En conclusión, se recomienda continuar investigando.

En paralelo, proliferan los testimonios de personas que han tomado microdosis de psilocibina en búsqueda de concentración, claridad y conexión con los demás, y dicen experimentar estos efectos positivos. También hay estudios que muestran estos beneficios y han sido publicados en instituciones de prestigio. Sin embargo, se trata de datos obtenidos, en su mayoría, de encuestas hechas por internet donde la dosis no es controlada y donde los efectos son reportados por cada participante. 

Especialmente interesante es el estudio liderado por Balázs Szigeti del Centre for Psychedelic Research, Imperial College London. Se desarrolló con un sistema de “self-blinded citizen science initiative” donde los participantes recibieron instrucciones en línea sobre cómo incorporar el control de placebo en su rutina de microdosificación sin supervisión clínica. 

De acuerdo a esta investigación la microdosis sí tiene beneficios, pero que se deben a un efecto placebo. Es decir, son consecuencia de la esperanza de la persona en una sustancia y de su motivación a mejorar. Se lee en el paper: “Nuestros hallazgos confirman los beneficios anecdóticos de la microdosificación (mejoras en una amplia gama de medidas psicológicas); sin embargo, los resultados también sugieren que las mejoras no se deben a la acción farmacológica de la microdosificación, sino que se explican por el efecto placebo (falta de efecto significativo entre grupos)”. 

Otro estudio importante acerca del uso de microdosis es el de la University of British Columbia de 2021 que fue recibido con gran optimismo ya que mostró que el grupo de personas con microdosis bajaba los niveles de ansiedad, depresión y estrés. Sin embargo, los mismos autores reconocían que el estudio no midió la intención o expectativas de los participantes ni puso foco en el efecto placebo. Además, se trata de un estudio observacional donde los participantes reportaban sus subjetividades a través de internet en colaboración con Quantified Citizen y Microdose.me. 

“A pesar de sus limitaciones, este paper contribuye al conocimiento de la práctica de microdosis y sus usos en el mundo real, incluyendo la combinación con otras sustancias y otras prácticas”, señala el estudio. 

Y eso es cierto. La microdosis está ocurriendo y se masifica cada vez más. Existe consenso respecto de la necesidad de estudiar sus posibles efectos secundarios a largo plazo y también seguir buscando posibles beneficios. La esperanza se funda en que las microdosis o dosis altas de psilocibina en contexto de terapia sí demuestran beneficios, entonces la posibilidad  de que dosis pequeñas sin un viaje alucinógeno dramático ayude con síntomas como la ansiedad sería una increíblemente buena noticia.

Otros señalan que si la reportada mejoría de la microdosis se debe, en realidad, a placebo, también se trataría de un hallazgo potente pues corroboraría la incidencia del poder mental y el papel de la intención en nuestra búsqueda de bienestar.

1 estudio, 2 lecturas
Adults who microdose psychedelics report health related motivations and lower levels of anxiety and depression compared to non-microdosers” es uno de los estudios en que ha participado como autor Paul Stamets. El título es prometedor y se encuentra en los listados de evidencia acerca de los beneficios de tomar microdosis.

Sin embargo, el autor principal -Joseph Rootman- y comentarios acerca del estudio luego de su publicación, explican que no tomaron en cuenta la expectativa de las personas y que eso podría ser una causa de la mejoría. Por otro lado, es esencial el dato de que son mejoras reportadas por los mismos participantes, sin una medición externa.

Los mismos autores señalan que el principal aporte del estudio es que muestra cómo se desarrolla esta práctica y que sus usuarios dicen ver mejorías, lo cual justifica que se siga investigando este área.
Protocolos de Fadiman y de Stamets
El comienzo de la popularidad de esta práctica se atribuye a The Phychedelic Explorer’s Guide publicada en 2011 por James Fadiman, escritor e investigador norteamericano dedicado a las sustancias psicodélicas. El libro se presenta como una guía para distintos usos y dosis según la experiencia de sanación y autodescubrimiento que busque la persona. 

Se le conoce como el “protocolo de Fadiman” y fue seguido por otros guía llamada “protocolo de Stamets” del micólogo Paul Stamets, quien propone una combinación de psilocibina, vitamina B3 y el hongo medicinal melena de león.

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